Al servicio de la Caridad

En la escuela de la vida

Conscientes de sus deberes, Claude y Julienne dan a sus hijos un hogar profundamente cristiano, que garantiza la armonía y el bienestar. Padres e hijos se aman y respetan entre sí y se ven rodeados de la estimación de la gente de Dourdan. Además de su responsabilidad en la fábrica, Claude es nombrado recaudador de impuestos de la comarca y Julienne, tesorera de la Cofradía de Caridad. A estos innegables signos de confianza hacia sus padres, se suman más tarde los que, tanto amigos y parientes dan a Marie al hacerla madrina de bautismo de sus hijos.

Entre 1660 y 1675, la familia Poussepin sufre duras pruebas: la muerte de los abuelos, la de las tres hermanas de Marie: Anne, Julienne y Elisabeth, siendo aún muy jóvenes. Mueren también los dos Claude mayores y Julienne, la madre. El patrimonio familiar, lo mismo que el buen nombre del padre, se ven amenazados a causa del robo del que fue víctima en su empleo de cobrador de impuestos. Esta circunstancia le obliga a dejar Dourdan por algún tiempo y a ceder la administración de sus bienes a su hija Marie.

Con coraje y audacia, Marie se hace responsable de la subsistencia y educación del pequeño Claude, toma sobre sí la pesada carga de la deuda de su padre, y asume la dirección de la fábrica sin dejar el cargo que tiene en la Cofradía, desde la muerte de su madre.